Déjala que navegue, que suelte sus amarres
Deja que sienta la brisa
y sobre su piso escampe.
Déjala que escuche melodías de gran alcance
Déjala que vuele alto, que más allá del cielo, se traslade
Deja que sienta prisa
y que luego te extrañe.
Déjala correr tan rápido como pueda
Déjala que se escurra en las risas, que renueve sus venas con alegría y que juntos coincidan en otros mares
Deja que sienta el amor
más allá de las frases.
Déjala libre y que te piense en grande
Deja que se esfume el polvo y se descubran tesoros
Déjala que sueñe en blanco y negro
y tu, en esos sueños, pinta con otros tonos
hazlos que luzcan brillantes, que se vislumbren con un aura de energía formidable.
Déjala distante
pero que de cerca imagine
cómo el alba y el ocaso
se juntan para un mismo coro.
D.-
sábado, 6 de noviembre de 2010
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